La ciudad de Mérida en el Estado Mérida, es sede de la prestigiosa Universidad de los andes y del teleférico mas alto y largo del mundo.
La ciudad Mérida es centro de numerosas plazas antiguas, casas coloniales iglesias y demás estructuras históricas que conforman sus principales sitios de interés
Los Roques:
Los Roques, un hermoso archipiélago situado en el mar caribe, a 168 Km. al norte de La guaira, el puerto de caracas. Por su belleza e impotencia ecológica, fue declarado Parque Nacional en 1972. El Archipiélago de los Roques es el parque marino mas grande del caribe.
La Gran Sabana:
La Gran Sabana, región situada al sureste del estado de Bolívar, en Venezuela, al sur del río Orinoco; está ocupada totalmente por el macizo de las Guayanas, constituido por concentraciones rocosas antiguas, generalmente metamórficas, formadas por bloques de granito.
La Isla de Margarita, junto a las islas de Coche y Cubagua, conforman el estado Nueva Esparta, entidad federal de Venezuela. La Isla Margarita es el destino turístico preferido de Venezuela.
Canaima:
El Parque Nacional Canaima, fue creado el 12 de junio de 1962 con una superficie de un millón de hectáreas, que fueron ampliadas a tres millones en 1975, lo que lo convierte en el sexto Parque Nacional mas grande del mundo, ubicado sobre la formación geológica mas antigua del planeta, el macizo Guayanés. En Canaimase encuentra ubicado el salto de agua más alto del mundo, el Salto Angel.
Península de Paria:
Península de Paria: Uno de los lugares más impresionantes de la geografía venezolanos es la Península de Paria. Ella reúne una variedad de ámbitos que van desde las playas mas hermosas, bosques de montańas, hasta la producción de gran parte del cacao del país, y extensas sabanas.
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Estado Sucre
Tierra de Gracia
Cuando Venezuela prolonga sus costas y sus acantilados, entonces alcanza el extremo de su grandeza en el estado Sucre. Allí mientras el Turimiquire se tutea con los helados vientos de sus cúspides y regala la gota naciente del Neverí, la historia funda la civilización de Sudamérica en la blanca Cumaná, que dura a la vera del río Manzanares, con la heráldica de su castillo , sus iglesias, sus poetas. Y la tierra cede ante el mar inmóvil – por sentimental- sobre las arenas de San Luís, donde el golfo de Cariaco cría la ola, que es cornisa de alcatraz y la espuma , que es joya de peñero. En tanto la punta hirsuta de Araya asoma sus arideces de roca y sal y un azul de cielo que no desmaya nunca.
País soleado y umbroso, gozo del mediodía y contentamiento de la niebla, el estado sucre gusta de vivir entre la luz marina de sus costas tendidas y precipitadas y la luz boscosa de sus espesuras húmedas y anubladas. A medida que nos adentramos en este puntual encuentro de lo desnudo y lo untuoso, el paisaje del estado Sucre sale a recibirnos con la bulla de sus pueblos y ciudades costeras, entregándonos a mano llena la fantasía de su música exultante y melancólica, la imaginación culinaria de sus guisos, el suspiro hedonista de su tabaco y la pasión ardiente de su ron. El roble-su árbol emblema-, la palmera y el ceibo, el mangle y el jadillo defiende un territorio de resolana de ocaso, por decir el rehiló de una sombra de palma sobre la arena y el manto de una penumbra de bosque sobre la hojarasca. Entonces no sabemos en sus playas de gran risa y en sus selvas de vasta somnolencia. De un lado, la blancura pura de la península de Araya; del otro, el verdor exacto
de los montes y las laderas de la península de Paria. Se escucha el alboroto de la ola y del galerón, se siente el entusiasmo de los alisios y de la malagueña. Sus cuatro parques nacionales nos prometen la amistad del mar y de las islas, las ensenadas, las lagunas, los ríos lunares y cavernarios, o nos convidan a resplandecer en el follaje o a demorarnos en la casa del ave que vive de la noche. En Mochima salta y nos saluda en delfín y se miran las praderas de hierba thalassia al fondo del coral púrpura. En Turuépano, esa respiración de la luna y las mareas, el mangle sube a ser selva y sostiene la garciola real , un ave de los sueños, o la tigana, cuya pluma de seda blanquinegra no macula el cieno por cuyo borde se apuran los insólitos cipoteros, peses que se atreven a desdeñar el agua . En la península de paria el mar de su golfo traza una curva de gaviotas y recostado a los jardines colgantes de su selva se insinúa Macuro. He aquí la Tierra de Gracia
que deslumbrara a Colón en su tercer viaje. He aquí el lugar del paraíso, le juró a los reyes de España, porque bebió agua del mar y le puso a miel y porque presintió que todo un continente de agua se derramaba sobre un estatuario bíblico. Nunca sabrá que era el Orinoco, “el agua del agua”, que así lo llamaban los indios frecuentadores de su enormidad.
No basta loar los paisajes fastuosos de estado Sucre: es preciso tardarse en sus playas, desmesuradas o íntimas como un secreto, en sus jardines salvajes y en su sabrosa intemperie donde la dicha amanece temprano.